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17/09/2007

Buscando las palabras

Cada ciudad habla un idioma distinto. Ahora lo sé. Hoy ha llovido y, durante todo el día, el centro comercial ha permanecido en penumbra, a media luz, envuelto en el rumor inquieto de la tormenta. Y ya no estoy tan segura de que quiera volver.

Leo La decisión de Sophie y, cuando me aburro de la buena literatura, salgo a la calle para pasear por este barrio pequeño, que limita con los árboles del Huerga. Me he apuntado al gimnasio y cada día, a escondidas, Oskar me reta al baloncesto. Tal vez por eso tengo los brazos cuajados de agujetas. Estoy cansada. Ha empezado el juego.

En mis trayectos de autobús, busco las palabras. Como siempre, hay muchas cosas por decir, historias que me esperan; y un montón de recuerdos que, uno a uno, como lastres, van desplómandose por la borda para poder elevarme libre de peso. Porque ahora sé que me voy a quedar otra vez vacía, transparente, sin ninguna pena. En la calzada, aplastada, se queda mi memoria, me quedo yo; un poquito de mí se pierde cada día. Le digo adiós y empiezo a construirme en una lengua nueva, en la que mirar atrás no existe. 

Y aún así nada será de verdad. Habrá que tenerlo en cuenta. 

 

17/09/2007 21:38 Autor: planetamano. Enlace permanente. Hay 11 comentarios.

26/09/2007

En moto

Fernando, un compañero de trabajo, me lleva a casa en moto después de una cena de equipo en La Antilla, una bocatería a la que no sabría llegar sola porque todavía se me escapa esta ciudad.

La última vez que me llevaron a casa en moto fue hace algunos años. No sé qué habrá sido de la Vespa de N, pero conservo el recuerdo de aquel trayecto rodeando el Retiro, por la calle Alcalá hasta Conde de Peñalver. Hay muchas noches en Madrid que no se me olvidan; ahora sé que forman parte de un aprendizaje. Como llaves secretas, vuelven a mí para iluminar desde el pasado el paisaje lunar del Planeta Maño y hacerlo menos árido.

Mientras recorremos a poca velocidad el paseo de Sagasta, confirmo que me hallo a años luz de mi otra vida, rodeada de buena gente que jamás me va a entender. Porque si esto fuera una película americana de Sandra Bullock, yo sería una pobre desarrapada (Sandra, por supuesto) que, tras fracasar profesional y/o sentimentalmente en la metrópoli vil, se retira a una ciudad de provincias de nombre impronunciable, donde nadie tiene prisa y en la que el protagonista -casi siempre se llama Jack- acaba de ser abandonado por su novia, que le ha hecho mucho daño.

Al principio Sandra no se adapta a llevar camisas a cuadros y trabajar en la única oficina de correos del lugar, pero eso sólo es al principio. En menos que canta un gallo conoce a Jack, invariablemente el listo del pueblo (médico o veterinario), muy puesto en arreglar ruedas pinchadas o grifos bañados en óxido, y se enamora de verdad, al más puro estilo rural, sin pasteurizar ni nada. Así que se casa y alimenta a su descendencia con leche ordeñada en el establo familiar. Todo muy bonito y bastante creíble, sin embargo no demasiado en mi línea de urbanitas con problemas arraigados en la niñez.  Lástima.

Mañana más. 

 

 

26/09/2007 01:25 Autor: planetamano. Enlace permanente. Hay 10 comentarios.


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