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17/11/2007
Abandono
Sábado por la tarde: sofá, manta, calefacción... hasta hace bien poco, ensaladera de pasta con atún y televisión encendida. Esta visto que, allá donde vaya, lo que no puede faltar son las hélices de colores y las pelis de Antena 3, basadas en hechos reales o en novelas de Barbara Wood. El telefilm de hoy iba de una china que se enamora de un americano casado, durante los años 50. El americano la deja embarazada y a continuación pierde la memoria (¡Uy!); así que se pira a EE.UU y no la vuelve a ver más. Afortunadamente, como la película duraba 4 HORAS, mis vecinas jubiladas y yo hemos podido asistir al crecimiento desarraigado de la niña, oriental y sin padre conocido, que va cumpliendo años pensando en el día en que cruzará el Atlántico para reencontrarse con ese hombre que, aunque amaba a su madre sin duda, se alejo de ella víctima de un tabardillo cerebral.
A los 24 la china llega a Los Ángeles para descubrir que su padre murió tiempo ha, al regresar al continente, porque su barco naufragó (Dios es justo y misericordioso), pero no da el viaje por perdido y se enamora de su supuesto hermano (más feo que un pie), que finalmente resulta no serlo y le corresponde después de abandonar a su mujer y convertirla en una alcohólica. Me ha encantado.
Ante semejante derroche creativo me he encogido y ahora no sé qué contar. Más allá de la proximidad de las terceras Vitunavidades, mi existencia se reduce al planteamiento constante de QUÉ HAGO CON MI VIDA.
Me gustaría abrir el portátil y tener ganas de escribir sobre lo que estoy leyendo (Los crímenes de Oxford); la última peli que he visto (El caso Wells) o el último chuzo superado, el sábado pasado con V, Anica y Cris, en un local desconocido llamado La Tierra, planeta al que algún día espero volver... ¡pero no me apetece!
De repente ni me posee el espíritu creativo ni pienso en el sexo... ¡Ahhhhhhhhhhh!
Y hace un frío devastador, que me paraliza. He llegado a casa a las cuatro y he puesto la lavadora... pues bien... es un hecho: aún no la he tendido. La sola idea de salir de esta bolsa de calor en la que se ha convertido el sofá me produce pavor. Pienso en la ropa apelotonada, arrugadísima y empapada, dentro del tambor metálico; secándose de una forma rara y acumulando con cada segundo que pasa más y más olor a humedad, a wáter... y ni siquiera eso consigue provocar mi reacción. ¿Me estaré abandonando?
Otro síntoma es que el martes hice la compra semanal e incluí en la cesta del supermercado un par de botes de fabada Asturiana y un cartón de caldo de pollo precocinado, marca Hipercor. Muy peligroso, lo sé. Sin embargo, una vez inmersa en esta espiral de dejadez, me temo que nada ni nadie pueda rescatarme.
Intento no pensar en Piero, el último expulsado de Gran Hermano, e ir reduciendo progresivamente mi dosis semanal de Supermodelo 2007, pero soy incapaz... hasta he dejado de fumar, rodeada como estoy de gente madura y sin vicios, que intenta por todos los medios prolongar hasta el límite su existencia.
¡Joder! Esto es un asco. Necesito lascivia, bohemia y una autodestrucción que no pase por dejar de lavarse el pelo durante 48 horas, sino más bien por no pegar ojo y matarse un lunes o un martes a cañas. Aquí, en el Planeta Maño, nadie está triste; y el 90% de los aborígenes se felicitan a final de mes, cuando comprueban que, ¡oh, milagro!, han conseguido volver a pagar la hipoteca.
En definitiva, me estoy convirtiendo en un conato de Ana Diosdado, cuando lo que esperaba era llegar a ser una pequeña Anaïs Nin.
Quiero gritar, pero afortunadamente acaba de empezar La noria, con Jordi González, y la idea de perdérmelo me turba. A lo mejor luego, a la una o las dos de la madrugada, tiendo. Eso si que sería transgresor...
Ya veremos.
23/11/2007
Arbol genealógico
Axioma: Colón era maño.
Así, sin paños calientes. Esta mañana la editorial Amares me ha invitado al lanzamiento del libro Christoval Colón, más grande que la leyenda. El teléfono ha sonado en el mostrador; lo he cogido y la voz tenue de un hombrecillo que no dejaba de llamarme Mónica ha empezado a venderme las virtudes de este ensayo histórico que, sin duda, promete azuzar la controversia internacional acerca de la verdadera patria del descubridor. Colón era maño y no hay más que hablar; o al menos eso se va a reivindicar el próximo jueves en la presentación de la obra, a la que acudiré sin duda, ya que considero el evento de envergadura suficiente como para inaugurar mi vida social en Zaragoza.
Ya me visualizo rodeada de maños ilustres, descendientes de Colón, que -nadie lo sabía hasta ahora- iba de la Pinta a la Niña y de la Niña a la Santa María gritando "¡Co!" desde el bote que lo trasladaba de una carabela a otra. De hecho, quizás no sea casual que América se llame así. ¿No os parece -ica una terminación más que sospechosa? Incluso reveladora, diría yo.
Me encanta. ¡Qué baño de glamour me espera!
Por otra parte, me he enterado de que Bob Dylan va a componer el himno de la Expo 2008. ¿Acaso también son maños sus ancestros y se siente indisolublemente unido a la ciudad del Ebro, Flubi y los adoquines con los que a menudo se fotografía Vituperio? Misterio de la humanidad. Apuesto lo que sea a que, si Bob se deja caer por aquí, en cuanto se descuide lo visten de baturro y le obligan a grabar, de semejante guisa, una nueva versión de The answer my friend is blowing in the wing, con el cachirulo puesto.
En fin... será mejor no adelantar acontecimientos y rezar para que, cuando Pequeño Bob, con el peso de su guitarra a cuestas se baje del avión (o del trasbordador espacial) y sea recibido por la multitud que coreará su nombre ("¡Bobico, Bobico!"), no se lo lleve el Cierzo de un plumazo.
Eso no me lo pierdo.
